La Venganza es un plato que se sirve flambeado

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A veces a fuerza de repetir las cosas la gente termina creyéndolas ciertas. Se ha dicho muchas veces que Alan Moore y Frank Miller llevaron a los superhéroes a sus más altas cotas artísticas a mediados de los ochenta, y que la debacle posterior de la industria vino causada por una horda de incompetentes que quisieron copiarles en la forma pero no supieron captar el fondo. Se ha dicho muchas veces. Aunque es una afirmación que apenas se sostiene a menos que uno sea parte interesada.

Que no lo digo por quitar méritos a Moore o Miller (o lo que es lo mismo, Watchmen y El Retorno del Señor de la Noche Caballero Oscuro). Que estuvieron inspirados, hay que reconocerlo. Aunque a Moore le viniera casi todo rodado con un lote de personajes ya creados y caracterizados en la editorial Charlton (¿acaso Moore ha creado alguna vez de la nada algún personaje propio original e interesante? preferiblemente que no sea calcado a Sting…) y a Gibbons le consintieran los retrasos en las entregas en vez de asignarle a un entintador como Giordiano que hubiera mantenido las páginas en fecha. Y lo del Caballero Oscuro estuvo bien, que tener a Klaus Janson entintando es una apuesta segura, o eso dicen los que pudieron comprarlo en su momento por aquellos precios. Pero no debemos magnificar tanto su importancia. Se trata de dos únicos títulos en una década en la que las dos grandes editoriales de la industria sacaban más de un centenar de cuadernos al mercado cada mes. Poniendo las cosas en su sitio, las salidas de estas dos series limitadas no debió notarse tanto. Que fueron unas obras llamativas, de acuerdo. Que Moore, Miller y sus respectivas debieron forrarse (y quizá por eso ambos terminaron divorciados,, es la maldición del vil metal), de acuerdo también. Pero aparte de eso poco más hicieron ambos autores por la industria. Al menos en las editoriales importantes. Llegaron, vencieron, cogieron el dinero y se fueron. Una industria no se sostiene con dos series limitadas. Dos autores no forman la industria. La Industria la forman docenas de escritores, artistas, coloristas, rotulistas, editores, asistentes de editores, secretarias, publicistas, administrativos. Muchas familias dependen de esa industria para llevar a sus familias un plato con comida caliente al terminar la jornada laboral. Y esa industria no se hace con dos obras acertadas. Se hace mes a mes, día a día, página a página, idea a idea. Y sin esa industria en marcha, cosas como Watchmen o Caballero Oscuro no hubieran podido producirse ¿Quién le debe entonces algo a quién?

Que quedas como un señor si te sale bien la jugada, triunfas y luego dices que todo lo que se hace en superhéroes es una derivación de lo que tú apuntaste. Todo lo que se hace que sea bueno, claro, que si no lo es es porque no han entendido lo que tú transmitiste. Claro. Suena como esos entrenadores de fútbol que se llevan todos los méritos si la cosa va bien, pero en las malas rachas echa la culpa a los jugadores. Se dice que muchas de las barrasabadas cometidas en los comic-book de los noventa es por haberse quedado en la forma del Caballero Oscuro pero no en el fondo. Ah. Por eso sería que Miller volvió para hacer el DK2, para ver si esta vez se le entendía. Goddamn Miller. Gracias.

Con esta reflexión intento romper una lanza en favor de todos los creativos que mantuvieron la industria del comic-book durante finales de los ochenta y primeros noventa, pues gracias a ellos la industria sigue viva. La crítica es cíclica, y lo que en su tiempo se vendió como pan caliente luego fue denostado hasta el extremo. Quizá ahora con la perspectiva del tiempo podemos llegar a un punto medio en el que sepamos apreciar esas obras por sus valores dejando componentes pasionales aparte. Quizá es ahora el momento de intentar comprender uno de los títulos más emblemáticos de aquellos maravillosos años noventa: Spirits of Vengeance.

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Spirits of vengeance significó en 1992 un segundo título para un personaje que se había vuelto popular, el Motorista Fantasma encarnado en Danny Ketch. El concepto manejado por Howard Mackie de convertir al personaje en un Espíritu de la Venganza a base de repetir docenas de veces a palabra «Venganza» en los cuadros de texto de cada episodio había tenido éxito (y es que a veces a fuerza de repetir las cosas la gente termina creyéndolas ciertas). La diferencia es que Mackie no se durmió en los laureles ni abandonó al personaje, de manera que éste sirvió de base para una ambiciosa línea de títulos gracias a la que muchas familias tuvieron encontraron un sustento. En cosas como estas se diferencian Howard Mackie y Alan Moore. Y seguramente por eso ha habido una película del Motorista Fantasma mucho antes que una de Watchmen.

Se aprovechó este segundo título para dar una nueva oportunidad al personaje de Johnny Blaze, el anterior portador del craneo llameante. Adecuando su imagen a los tiempos que corrían, por supuesto.

ANTES

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DESPUÉS

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Mucho mejor, como puede verse. Gafas de sol, cola de caballo, cigarrillo. Actitud. Un arma y una cazadora molona que tape un poco el antiguo trajecito de acróbata cirquense. Es una verdadera puesta al día, un personaje que tiene un nuevo potencial para la industria.

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¿Puede acaso mejorarse? la respuesta es que , pero eso lo veremos algo más adelante.

El primer número de Spirits of Vengeance ya formó parte de un cruce de títulos, que conformaron la saga de La Ascensión de los Hijos de la Medianoche ¿a que suena cañero?

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La Línea de los Hijos de la Medianoche fue el rincón oscuro de Marvel, un lugar apartado de los brillantes superhéroes que saltaban en sus demás publicaciones, se buscaba algo más sofisticado, un material más adulto. Sin tapujos, fue el equivalente a la línea Vertigo de DC, sólo que se creo un año antes. Eso sí, cumpliendo siempre a rajatabla los preceptos del sacrosanto sello del Comics Code, pues en Marvel nunca perdieron de vista qué productos estaban haciendo y a qué público iba dirigido. De hecho, no está de más recordar que la causa de que los autores que hicieron aquellas grandes obras de la DC se marchasen de la editorial fue la imposición de un sistema de calificaciones para sus publicaciones en función de su contenido. DC creyó que el truco estaría en eliminar el Code para publicar material zafio, algo a lo que sus principales artistas se opusieron. Este es el verdadero germen de Vertigo, recordadlo cuando veáis tantas lesbianas en sus historias. La Marvel de los Noventa lució el sello del Comics Code y moló.

El artista encargado de ilustrar las andanzas de la pareja de jinetes fogosos fue una joven joya que ya despuntaba, Adam Kubert, que daba rienda suelta su lápiz e imaginación en todo tipo de espectaculares composiciones que dejaban al asombrado lector con la boca abierta.

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Se trataba, claro, de un Adam Kubert que aún estaba buscando un estilo propio y dedicaba horas y esfuerzo a conseguir su meta. Ya llegaría más adelante el momento en que podría en otra editorial dibujar la mitad tardando más del doble y cobrando cinco veces más. Aunque en esta primera época ya era habitual que cada pocos episodios nos encontrásemos por páginas entintadas por esa leyenda viviente del medio que es Joe Kubert. Algo que siempre era motivo de alegría, aunque no puede dejar de imaginarme a papá Joe sentado en una mesa camilla viendo La Ruleta de la Fortuna y cuando se acercaba una fecha de entrega al joven Adam dejándole sobre los crucigramas un taco de páginas con unos pocos bocetos a lápiz  «¿me ayudas a hacer los deberes? es que el editor me tiene manía…«

Marvel y Vertigo, curiosa mezcla. Se trataba básicamente de los conceptos clásicos de magia, demonios e infierno pasados por un matiz noventero. Todo debía molar. Un ejemplo de demonio con actitud de los que poblaron sus páginas.

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Diabólico pero todo lo sexy y sugerente que permite el Code. Sana diversión para chicos y mayores.

Y ya que Johnny Blaze vive en un circo, que menos que convertir aquello en un completo Festival de Horrores, con monstruos, mutantes, místicos, remanentes de antiguas razas. Un sitio donde nadie pregunta cómo están ustedes.

SpiritsOfVengeance_01_25.JPG Sí, está leyendo un manga

Aunque siga siendo un buen lugar para que un duro personaje de los noventa crie una familia ¡un elemento de tensión más para un título sofisticado!

El título siguió adelante mes a mes, entre cruces de colecciones, entintados de Joe Kubert y portadas memorables.

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Adam Kubert terminó su andadura, pero el título siguió. Debía seguir. Debía mantener una industria. Muchas familias dependían de eso. Y Mackie siguió. Siempre adelante, siempre innovando. Y fue a la altura del número 15 de la serie cuando se atrevió a ir un paso más allá con Johnny Blaze, aquel personaje por el que nadie daba un centavo antes de que él lo rescatase del arroyo. Aprovechando que ha quedado malherido en la cabaña de un ermitaño que casualmente tenía una compleja instalación secreta debajo de la misma y que había heredado precisamente ahora los conocimientos tecnomísticos de su fallecido padre…

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…John Blaze fue sometido a toda una serie de mejoras que lo convirtieron en un personaje mucho más acorde a las tendencias del momento.

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¿A que ahora mola mucho más?

Y no creáis que el cambio fue problemático para el bueno de John 3.0, al contrario. Lo del tormento constante era para los personajes lloricas del otro lado de Marvel.

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¿Podía mejorarse esto? parece imposible pero sí, y eso es lo que hizo el bueno de Henry Martinez en la portada del episodio siguiente.

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Dejad de mirar por un momento si sois capaces esas cadenas llameantes de color rosa y fijaos en el amigo John ¿hay algo que mole más que un ojo cibernético? ¡Sí! ¿un ojo cibernético que brille! ROB! creando escuela, ya sólo faltaba que la prótesis fuera cambiando de ojo.

A partir de ese momento el personaje se consideró maduro para afrontar él sólo el título, de manera que poco más apareció por sus páginas el Motorista Fantasma hasta el final de la andadura del mismo a la altura de su número 23. En estas aventuras de Blaze en solitario pudimos profundizar mejor en el personaje y su entorno, como aquella vez que se lleva a pasear en moto a la atractiva y joven adivina ciega del circo…

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…y como él que no quiere la cosa, la pobrecilla invidente atractiva tropieza consigo misma…

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(no ve nada y se llama Clara. Humor británico sofisticado)

…y cuando John acude a asistirla un roce casual dispara la chispa culminando una relación que se había ido fraguando poco a poco desde la imagen anterior. Economia de medios para historias directas.

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Todo muy complejo, así que dos números después Blaze se emborracha y acude de noche a los aposentos de la joven y atractiva adivina ciega. Sólo para hablar y dejar las cosas claras. Por supuesto.

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Tranquilo, John, te entendemos, pero beber no te ayudará a que cuando vuelvas a intentarlo la cosa funcione mejor…

Espero que con estos indicios os habréis hecho una idea de cómo fue Spirits of Vengeance, y ya estaréis babeando ante la idea de una posible edición en castellano. Es una lástima que se tratase de una serie corta de apenas 23 episodios, unas míseras 500 páginas que en el mercado actual no dan ni para medio tocho. Es por esto que quizá lo que se debería reclamar a Panini es directamente un integral con toda la línea de los Hijos de la Medianoche. Pero por si acaso esto tarda, os mostraré mi escena preferida de la serie, uno de esos conceptos que sólo pueden ocurrir en la línea Vertigo de la Marvel de los 90. Sucede en el número 20..

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…cuando Blaze acude por ¡VENGANZA! a la base donde acabaron con gran parte de la alegre parada de los monstruos de circo que solía acompañarle.

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Podría abrirse camino con su dominio del fuego infernal, pero le mola que usar elementos que lo canalicen como pistolones y cuchillos para canalizarlo. Eran los noventa.

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Y pasa lo que tiene que pasar si en un título Vertigo acudes al sitio donde murieron tus amigos, que te encuentras con sus espíritus.

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Pero ¡ATENCIÓN! que no se trata de unos espíritus cualquiera, sino de unos espíritus noventeros, de tal manera que aparecen tal y como murieron ¡ARMADOS CON PISTOLONES!

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De manera que para que Blaze pueda seguir adelante con su infiltración sus difuntos amigos le proporcionan unos valiosos minutos de ventaja enfrentándose con sus pistolones espirituales a sus oponentes. Reflexionad sobre esto un momento ¿No es maravilloso?

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Cierto es que la literatura popular está plagada de espíritus que portan garrotes o espadas, pero el concepto de fantasmas portadores de armamento tecnológico pesado es un tanto que debe anotarse el bueno de Howard Mackie. Gracias a ideas así la industria sigue adelante y nosotros seguimos aquí para contarlo. Y que dure.

17 comentarios en «La Venganza es un plato que se sirve flambeado»

  1. ¿Personajes interesantes creados por Alan Moore que no se parezcan a Sting? ¡Smax el bárbaro!
    Una versión daltónica del Gigante Verde, jugador de rol (si no, no me explico por qué lleva en el pecho el símbolo del Ordo Belial de Vampire: The requiem), hijo adoptivo de unos enanos sadomasoquistas, incestuoso, racista, con una personalidad que es un cruce entre Harry el Sucio y Conan… ¡Si sólo le falta escuchar a Isabel Pantoja y vestirse de Robin para rematar tanta genialidad!

  2. Ja, Ja, que tontos solucionan el proceso tensiónsexual-romance-estarelaciónnopuedesaliradelante-reconciliación en unas viñetas y eso da como mínimo para un par de TPB’s a Bendis le habría cundido más.
    Por otra parte es increíble la cantidad de conceptos que se incluían por página en los 90, hoy en día casi no quedan armaduras, ciberimplantes, ni pistolones, cualquier día Cable se recupera de su virus tecnoorgánico y deja de brillarle el ojo

  3. Tremendo, adoro los fantasmas noventeros (¿parecidos al Fantasma de las Navidades pasadas?). Calduch sigue haciendo los mejores artículos de ADLO. 🙂

  4. Oh oh oh oh!
    Tienen que continuar la BM del Motorista ya mismo!
    Que en mis showcase del motero no se llega tan lejos (o bueno, showcase no, la version marvel).

  5. Pero… ¡Las aventuras de Johnny Blaze continuaban!
    Al poco de cerrar Spirits of Vengeance, sacaron la serie de Blaze en solitario, llamada, pues eso, Blaze. Con el gran Larry Hama de guionista alcanzó unos meritorios 12 números.
    Con eso se publica un tochal que tampoco hace demasiado el ridículo en la librería

  6. Puto Johnny. Cada vez que te dices «Este tío es el cúlmen del molonismo, con su coletamullet y su cigarro ingotable… » va y revienta el molonómetro. Lo del cyborg que dirige un ejército de fantasmas mutantes guerrilleros es el mayor instante en la historia de la narrativa. Punto.

  7. Creo que puedo decir sin temor a equivocarme que esos números de los hijos de la media noche son los peores tebeos que he leído en mi vida (y eso que tuve el suficiente conocimiento para dejarlo antes de que salieran los fantasmas con pistolones).

  8. «..sometimes i forget i’m blind..»?!?!?!?!?!
    aparte de ciega tiene alzheimer!!
    Creí que sí se habían publicado en castellano esos números, pues yo tengo como 5 que aparecieron en uno paquetes de 4 por 7 pesos (algo así como medio euro el paquete).

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