Algo terriblemente divertido que ya no podré volver a hacer.

Si hay una mala forma de empezar un domingo «o terminar un sábado- es recibir en plena madrugada un mensaje comunicándote el suicidio de uno de los grandes. Alguien que podría haber conseguido el Nóbel para la generación que creció con los tebeos de la Marvel y creó con ellos entre sus referentes.1
 
Obviamente lo primero que uno piensa es en que no se trata tanto de un hecho real como de una broma. Hasta que lo confirma por las webs y descubre que no va a terminarse nunca. Si el propio David Foster Wallace pudo alargar su Broma Infinita más de mil páginas con esta no hay plazos.

DFW, reinventor de géneros, creador de ideas que podían «y deberían- haberse adaptado ya al cómic2 y haber probado en los cómics los mismos trucos3 que él usaba en sus relatos.

En cuanto a su labor como ensayista poco puedo decir, superaba en ocasiones al narrador y lograba que sus ideas4 fueran clásicos instantáneos, de referencia, inevitables para quien quisiera hablar de temas que iban desde el porno a McCain5 Sé que quizá fuera demasiado pedir que al hablar de cómics nos refiriéramos al diseño de los trajes6 o a cualquier cambio exterior, como si el que hubiera ahora una chica con el pelo raro fuera más importante que los personajes en sí.

Pero las cosas son así, DFW ha muerto antes que Ballard y una generación entera tendrá que buscar a su nuevo referente mientras los que esperábamos que se «arreglaran cuentas» con Joyce y se reconociera a Stern tendremos que seguir esperando que se colapse el sistema. No sé si Pynchon se sentirá hoy un poco más sólo, pero si eso le pasara no sería el único.8 Así es como nos ha dejado una decisión ajena de enfrentarse a la Extinción.

 

1. Un botón de muestra, las portadas de su recopilatorio de ensayos «Hablemos de Langostas»

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Y de «Entrevistas breves» ambas con recursos de disfraz y con ideas más o menos superheroicas.

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2 ¿Para cuando tendremos nuestras «Entrevistas breves con hombres repulsivos»? ¿Habrá alguien capaz de hacerlo aunque se trate simplemente de publicar una serie de reflexiones sobre los villanos?

3 Pedir innovación quizá sería pedir demasiado.

4 Como en «E Unibus Pluram»

5 Algo ocurrido en el año 2000 que se ha reeditado este año y que, vaya, cualquiera metería en una conspiranoia con aderezo de profecías en forma de Prision Break…

6 Hay dos cosas que no creo que entienda nunca. Una es la manía de algunos autores de cambiar de traje a un personaje cada vez que pueden7 El otro es considerar noticia a la reimpresión de un número.

7 El Efecto Wanda, vaya.

8 Siendo, claro, el único consuelo saber que se le rindió homenaje en vida.

9 comentarios en «Algo terriblemente divertido que ya no podré volver a hacer.»

  1. Me enteré ayer (1) y la noticia me dejó totalmente helada. Su ensayo sobre la langosta es de los más estremecedor que me ha pasado por los ojos. Una pena.
    (1) por el mailing de la revista Salon

  2. si realmente anegaba sus textos de pies de paginas, digo yo que en algún momento se deben sentir ganas de tenerlo delante para soltarle un pescozón… que agobio…

  3. Se nota que es un texto escrito con cariño. Tanto, que haré lo imposible por leer algo de este tipo. Si me gusta, leeré más.
    Y cuando lo haya leído todo, todo habrá acabado.
    Esa, supongo, es la verdadera tragedia.
    En estas ocasiones no puedo dejar de pensar en la tristeza que sentí cuando murió Wieringo, el hombre que mantuvo la sonrisa en los personajes que amo a pesar de los años 90; la idea de que un día Pratchett dejará de acordarse del nombre del Patricio, o el ridículo miedo que sentí cuando pensaba que Stephen King podía morir y dejar inacabada La Torre Oscura.
    Estos cabrones escriben historias, se nos meten en la cabeza y al final son familia sin haber tenido primero la deferencia de tirarse regularmente a una prima o una hermana.

  4. Una vez, para dejar a una novia, DFW le escribió una carta de 67 páginas divididas en siete capítulos lleeeeeeeena de notas al pie. Da pena que alguien así se vaya, y más aún que se vaya porque quiera irse, pero no sorprende.

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