Un trabajo sin horarios

Maquetar, traducir, rotular…a primera vista puede parecer una ocupación atractiva, una labor plástica, creativa, en la que ponemos lo mejor de nosotros mismos para crear un diseño atractivo que perdure en el recuerdo del lector de la edición. No se trata simplemente de reproducir y adaptar la versión original, sino de superarla si cabe.

Sin embargo, lo ideal de esta actividad se derrumba al contacto con la realidad. El trabajo es mucho, la recompensa poca, y los plazos escasos. Siempre hay prisa. Todo ese montón de trabajo es para AYER. Se debe maquetar, traducir y rotular a toda prisa, pues en cuanto se acerca la fecha de algún Salón a todos les entra el apuro del sprint final y hacen en dos meses la faena de doce. Para llevarlo a tiempo a la imprenta. Y que se retrase allí.

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Pero el apurado packager, acostumbrado a los sinsabores del oficio, pone la mejor de sus voluntades y cumple con su cometido para entregar un producto impecable en los plazos acordados. Trabajando contra viento y marea, llueva, nieve, haga sol o le entre un virus. Echando todas las horas que haga falta o incluso más. ‘Toi mu’ cont.ten-to de trab.bajá para ut.té, amo.

Se puede trabajar durmiendo poco. Una pequeña siesta tras cada comida y una cabezada de unas pocas horitas al irse el sol son suficientes en temporadas de alta exigencia para que el cerebro descanse y podamos realizar nuestra labor frescos y atentos.
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Y tampoco hace falta salir demasiado a pasear o eso que llaman «despejarse». Un paseo de quince minutos por la mañana, lo justo para salir a recoger la prensa gratuita, basta y sobra para ver el sol, saber que el mundo sigue girando allá afuera y enfrascarnos en nuestra faena hasta el día siguiente. Pero si hay gente que se ha sacado títulos universitarios sin salir de la cárcel. Nada, que lo de «despejarse» es una pérdida inútil de tiempo.

Sin embargo, es muy importante no saltarse ninguna de las comidas principales del día. No importa lo enfrascados o apurados que estemos, debemos estar atentos a la mínima señal de aviso para recargar las energías necesarias de forma inmediata. Estas necesidades no admiten ningún aplazamiento. Si estamos a media tarde y notamos el agujerito en la tripa, debemos dejar lo que estemos haciendo y comer alguna cosa. Una caña de crema, una palmerita, una chocolatina, algo. Porque si no, entre el bajón de azúcar y la ansiedad podemos bajar la guardia, y el inconsciente puede jugarnos una mala pasada.

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Lo del tiempo para ir al baño ya es más discutible ¿para qué «ir» si teniendo un portátil puedes directamente trabajar sentado ahí?

5 comentarios en «Un trabajo sin horarios»

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