La aldea global es cada día más aldea

Agripino era un chico infeliz. Vivía en una población de tamaño medio con una única librería especializada, a la que acudía, si podía, una vez por semana. Su presupuesto era limitado, y le molestaba la sensación de no saber qué encontraría al llegar ¿se habría retrasado alguno de los títulos que seguía? ¿o habrían llegado inesperadamente tres o cuatro tomos que le interesaban y que le tocaría ir comprándolos poco a poco? Esta sensación se acentuaba cuando llegaba el Salón de Barcelona y la librería se llenaba de mesas plegables con apetitosos tebeos, la mitad de los cuales no conocía. Su única fuente de información eran los folletos gratuitos de Planeta, Norma y Panini con las novedades del mes, pero aún con esto Agripino se sentía muy desinformado. Más aun cuando coincidía en la tienda con unos chicos que hablaban con el encargado de títulos maravillosos que iban a salir pronto, y de los que se habían enterado por Internet. Así, el día que arrimando la oreja se enteró de que Dude no seguiría con Bone, Agripino lo tuvo claro. Quería ser una persona informada. Agripino iba a ponerse Internet.
Las llamadas a las operadoras fueron como una seda, todo eran facilidades, y el día acordado le llegó el técnico a casa para hacer la instalación gratuita. Hubo, sin embargo, un problemilla. La habitación donde Agripino tenía el ordenador no disponía de tomas de teléfono, por lo que habría que pasar unos cables. Nada difícil, saldrían desde el dormitorio, irían por el rodapie hasta llegar al pasillo, seguirían recto, habría que pasar un armario con unos agujeritos o quitando una chapa, y llegarían al despacho atravesando la pared del aseo a la altura del techo. No se notaría nada, le aseguro el técnico, si acaso habría tener algo de cuidado con no pisar el que cruzaba el pasillo y apartar el de la ducha cuando fuera a usarse. Como Agripino no se mostraba muy convencido, el técnico le propuso meter el ordenador en el dormitorio. Y como tampoco parecía la mejor solución, el técnico le propuso montarse un alámbrico.

Con un alámbrico no habría problema, el técnico le metía el moden en la toma del dormitorio, donde el matamosquitos eléctrico, y Agripino sólo tenía que solicitar a la casa un rúter. Y la tarjetarred, claro. Claro. Agripino no entendía nada de aquello, él quería que le vinieran, le montaran Internet en el ordenador y a rodar. Pero como el técnico se lo puso tan fácil con lo de solicitar un alámbrico le dejó hacer. Así, con un aparatito con una lucecita verde parpadeando en la toma del dormitorio, Agripino llamó a la casa para solicitar lo del rúter y la tarjetarred para el alámbrico. Cuando consiguió hablar con un humano, le dijo que lo del uifi tenía un coste adicional bastante considerable, y que si lo pedía ahora el plazo de entrega sería de unos veinte días. Pero un conocido le aconsejó que lo del rúter y la tarjetarred se lo pillará por su cuenta en cualquier centro comercial, le saldría mejor, que lo único que tenía que mirar eran las compatibilidades y que le ofrecieran una buena criptación de datos. Eso hizo, y en dos tardes lo tuvo todo montado, o al menos todas las lucecitas marcaban correcto, aunque en el ordenador Internet todavía no le iba. Con dos llamadas a la operadora, le respondieron que por parte de ellos todo estaba correcto y que le debería funcioanr sin problema. Si acaso, podría ser cosa de la configuración de su sistema operativo, y en eso ellos no podrían hacer nada. Carajo. Así que empezó a toquetear, seguir la ayuda del Windows, abrir cajitas, y al final todo se arregló ticando una casilla en las propiedades del Explorer que le venía en el disco de la casa. Había costado tiempo y algo más de dinero de lo esperado (¿cuantos tebeos se podría haber comprado con lo que costaba el uifi?), pero por fin Agripino tenía Internet e iba a ser un lector informado.

Como todo hijo de vecino, puso Google como página de inicio y tuvo por fin el ciberespacio en sus manos. La primera palabra que tecleó en el buscador fue «Tebelogs«. La había oido comentar a los chicos de la tienda, la web con más información sobre tebeos. Y un nuevo mundo se abrió ante él.

Toda la información que estaba buscando, toda. Y cada hora se generaba más. No conocía el resto de dreamers ni la historia de cada uno de los enlaces externos a los que Tebelogs apunta, pero sí que tenía claro que él que ideó esa página se merecía un premio. Agripino iba ser por fin un lector informado.

Comenzó a navegar. En un sitio le informaban de las novedades de Norma ¡antes incluso de que el folleto llegase a su tienda!, y ya avisaban de un retraso en dos títulos. Que maravilla. Agripino imprimió esa página, aunque no definió el marco de impresión y le salieron 22 páginas, con la lista que le interesaba partida en dos. Luego estuvo un rato leyendo reseñas de tomos de Ponent y Sins Entido que no le sonaba que hubieran llegado a su tienda ¡el próximo día los reclamaría! y en otra página se encontró casi sin querer con el checklist de La Cúpula ¡para dentro de dos meses! ¡Por fin podría hacerse una lista en condiciones y prever sus gastos con antelación!

Una hora después, nueva actualización de Tebelogs. El mismo listado de novedades de Norma, pero esta vez con comentarios, estrellitas, y una discusión sobre sus precios. Y las novedades de Ivrea para el mes siguiente. Estaba todo muy bien, tan bien que en vez de ir imprimiendo las listas, Agripino se hizo un archivo en Excel con los títulos que le interesaban, precio y editorial ordenado por meses ¡con esa lista en el bolsillo no le iba a pasar una a su librero!

Agripino era inquieto, y ya que había empezado con aquello se pondría al día cuanto antes. Se dio cuenta de que, cosa curiosa, era más fácil encontrar información de las novedades de Planeta a dos meses vista que en el mes en curso. Lo intentó en la web de la editorial, pero hasta cosas que ahora sabía que no saldrían hasta dos meses después le aparecían como «título publicado». Tuvo que repasar los históricos por meses de un par de sitios, pero lo encontró casi todo antes de cenar. Porque no cenó, que se le habían hecho las tres de la madrugada navegando. Era la novedad.

Al día siguiente, tuvo que hacer algunos cambios en la hoja de Excel, pues algunas de las novedades del mes anterior no habían llegado todavía, de forma que las pasó al mes siguiente con un fondo gris claro que indicaría «con retraso». Y como sabía tan poco de muchas de aquellas novedades empezó a leer las reseñas y puso las calificaciones de cada una en unas columnas al principio de la hoja. Pero cada bloguero tenía su baremo particular, lo que para unos era una maravilla para otros era basura, de forma que las medias l
e salían muy parecidas, rondando el aprobado, aunque se conseguían a base de combinar dieces y ceros. Tendría que ponerse un poco a la faena de discriminar. Pero eso sería otro día, que hoy se había conectado tarde y ya como mucho podría dormir cinco horas si se acostaba ya. Y con lo del ordenador ya llevaba dos días sin tiempo para leer un solo tebeo. Tenía que remontarse a una vez que lo operaron para recordar cuándo fue la última vez que estuvo tanto tiempo sin un tebeo en las manos.

No pudo volver a conectarse hasta dos días después, de forma que tuvo que meterse en lo satrasados de Tebelogs para tener la información del día anterior que ya no aparecía en la página principal, por si se le pasaba algo importante. Se pudo dar cuenta entonces de que los listados de novedades tenían una vida media de hasta cuatro días, en los que aparecían listados en Tebelogs de vez en cuando. No pasaba nada si se perdía un día, pero entonces debería estar más atento o conectarse más a menudo durante los tres siguientes.

Con todo eso, no tenía tiempo de acercarse a la librería, pero tampoco le quedaba mucho dinero por gastar, el uifi y el primer recibo de la conexión habían sido un pellizco considerable a su economía. Pero valía la pena. Total, ya no hacía falta que pasase tanto por la tienda, sabía lo que se estaba publicando en cada momento, su formato, precio y la puntuación baremada de sus blogs favoritos. Le bastaría con ir una vez al mes con el dinero justo y comprar lo que quería.

Era tarde y era viernes, la navegación de Agripino se salió algo de su ruta habitual y se metió «por curiosidad» en los terrenos de la carne, sólo un ratito. Al día siguiente su ordenador hacía cosas raras, se le abrían muchas ventanas, mensajes de error en el correo, y de vez en cuando se le bloqueaba. Llamó a su amigo informático (todo el mundo tiene un amigo informático) ¿antivirus? ¿pero hace falta un antivirus? si no pueden entrar en el ordenador, va por uifi y además criptado ¿ah, que un antivirus es imprescindible? nuevo viaje a la tienda, a por un Antivirus fiable. Nuevo taco al bolsillo, necesario formateo del disco duro y vuelta a empezar con la configuración de la tarjetarred, la conexión al rúter, la pestañita aquella del Explorer (¿cual era?) y rehacer la hoja excel desde el principio. Menos mal que de algunas novedades se había impreso el listado antes de la debacle. En dos días lo tuvo todo organizado casi como al principio. Y en la tienda del antivirus se había visto una agenda electrónica compatible con Windows, si hacía un esfuerzo podría organizarse el listado con ella y le serviría de copia de seguridad. Además, con ella sería el rey de la librería ¡mucho mejor que el listado en papel, vamos!

Tres semanas después del formateo, aún sin mucho dinero, Agripino se pasó por la librería con la agenda. Compraría algo de lo previsto, que marcaría con una estrellita amarilla y comprobaría que todo lo demás había llegado. Y se llevó su primera decepción. Las novedades no llegaban a todos los sitios el mismo días, y según zonas podía haber una semana de desfase arriba o abajo. O sea que la información de Norma Sabadell, Tienda Dreamers o Atom Comics no era fiable al cien por cien para la librería de su ciudad. Para calcular su desfase con ellas debería pasar cada día por la tienda durante un mínimo de dos semanas y ver lo que entraba cada día. Así podría estimar mejor con que retraso o adelanto respecto a las listas de Internet llegaban las cosas a su población. Dependiendo de la editorial, por supuesto. Y eso hizo. En la tienda empezaron a mirarle mal. Entraba cada día, no compraba y solamente hacía que jugar con la agendita. Aparatito que por cierto estuvieron a punto de robarle una vez de vuelta a casa, de forma que desde entonces se hacía una copia de seguridad extra de sus datos en CD. Menos mal que las grabadoras estaban bastante tiradas de precio. Aunque por el mismo dinero se hubiera podido comprar dos tomazos.

Entre visitar Tebelogs, bajar nuevos listados, cotejar los antiguos, corregir, añadir, buscar nuevas reseñas, ponderarlas y actualizar los archivos del ordenador, la agenda y un CD, Agripino invertía una media diaria de dos horas, cuando ya se había acostumbrado al proceso. Esto le restaba tiempo para leer, pero como tampoco le quedaba demasiado dinero, tampoco es que tuviera mucha lectura pendiente en casa. Para pagar la conexión tuvo que dejar de comprar algunas cosas, que ponía en un segundo fichero en la agenda y el disco a la espera de tiempos mejores. Seguía actualizando la agenda, pero ya no la llevaba a la tienda, un segundo intento de robo le había hecho pensárselo mejor.

Llegó un momento en que Agripino pasaba más tiempo pensando en títulos y fechas que en los propios tebeos. Más de una vez cuando se disponía a actualizar una lista se encontraba con que ya tenía esos títulos en el fichero, en un avance de hacía dos meses, pero algunos precios habían cambiado y una novedad ya no aparecía, había que volverlo a repasar. Más de una vez consideró no hacer caso a los avances con demasiada anticipación, pues rara vez terminaban cumpliéndose completamente. Pero como le daban una estimación bastante aproximada del gasto futuro los siguió incluyendo aunque en una pestaña aparte, con fondo verde esperanza. Su sistema de cálculo tenía algunos fallos, y en alguna ocasión se perdió un tebeo por haber llegado antes de lo previsto y agotarse. También alguno se le retrasó más de lo previsto, y como él creía que tenía que haber llegado, más de una vez discutió con el librero. Y cada vez salía de peor humor de la librería, cuando no faltaba por llegar algo, resulta que le cambiaban a última hora el precio de una novedad y no llevaba suficiente encima…era bastante frustrante.

Al disponer de menos dinero la lista de la compra iba en aumento, y Agripino dejó de imprimir el listado completo cada vez que iba a la librería, le bastaba con el de cosas atrasadas y las posibles novedades. Pillaba lo que podía y lo tachaba de la lista con un boli. Al volver a casa dejaba la lista al lado del ordenador y actualizaba los ficheros cuando se conectaba, aunque alguna vez perdió alguna y terminó comprando mismo álbum dos veces. Pero al leerlos con dos meses de diferencia le costó darse cuenta. Dejó de usar la agenda.

Gastaba más, leía menos, dormía menos, y su lista de novedades pasadas presentes y fururas estaba algo descuidada. Lo que más rabia le dio fue una vez que actualizó de golpe dos días de Tebelogs y tres visitas a la librería y cerró el archivo sin guardarlo. Se acercaban el Salón del Manga y Expocomic y Tebelogs reventó de información, listado y reseñas. Nunca se había metido muy de lleno en el manga. Y ante tanto título nuevo volvió a bucear en las reseñas de Tebelogs para ponerse al día en el tema. Así descubrió los foros otakus. Esa noche no durmió.

Así, entró en la librería el Sábado del Salón del Manga. La librería había dispuesto las novedades en improvisadas mesas y montones. Esto le contrarió. No llevaba la hoja en el bolsillo, había dormido poco y ni siquiera había recordado que el fin de semana de los mangas era ese. El venía a ver si le quedaba alguno del de los Combates Cotidianos, si le había llegado el Caída de Bici y el Linterna Verde/Flecha Verde de Adams. Aunque no se acordaba bien de si este ultimo era de Octubre o de Diciembre ¿o es que sa
lía en dos listados? ¿seguro que el de Caída de Bici era de Octubre? ya no estaba seguro. Bueno, ese día había pasado por el cajero. Pillaría algo y ya actualizaría la lista al volver a casa. Había muchos mangas, pequeñitos, de vivos colores, había dormido poco, formato, precio…plantado como estaba ante las librerías, cerrando el paso, el dependiente le preguntó:

«¿Que qué buscas?«

Agripino le respondió «No…lo…sé«, y se desplomó sobre una pirámide de tomos de Lupin III.

Tres meses después. Agripino solucionó sus problemas. Se dió de baja de Internet y pasa, si puede, una vez por semana por la librería, pregunta qué les ha llegado de nuevo y se lleva lo que le interesa. Si en esa visita no puede costearse algo pide que se lo guarden. No sabé que habrá llegado en su siguiente visita, no sabe que su serie favorita corre peligro de ser cancelada, no sabe que la maquetación del tomo de Los Defensores es bastante peculiar, y no sabe que dos cosas que pueden interesarle llevan ya dos semanas de retraso. Pero ahora es feliz.

(Los sucesos aquí narrados son completamente ficiticios sin relación alguna con la realidad. Todo el mundo sabe que Lupin III y las cosas de Mangaline del Salón del Manga no han llegado todavía a las librerías)

18 comentarios en «La aldea global es cada día más aldea»

  1. Impactante documento. Yo incluso lo calificaria de realismo trágico.

    Mmmmm, espera: ¿»todo eran facilidades, y el día acordado le llegó el técnico a casa para hacer la instalación gratuita»?, perdon, queria decir realismo magico.

    Aunque hay algunas personas (me han dicho) que todas esos problemas los solucionan conenctandose desde el trabajo…gentuza.

  2. Muchas letras y un simple dibujito.
    He estado a punto de pasar de leerlo.
    Menos mal que me lo he leido.jeje
    Me siento un poco identificado:P
    Eso si , ¡la proxima vez poned mas material grafico, hombre!

  3. Va, la próxima vez haré una foto del rúter alámbrico que me colaron en el armario del recibidor, y que se corta cuando el microondas de la cocina termina de calentar.

  4. «Agripino imprimió esa página, aunque no definió el marco de impresión y le salieron 22 páginas, con la lista que le interesaba partida en dos»

    ¡Jejeje! ^_^ ¡Qué pedazo de post! ¿Quién se anima a constituir el Club de Fans de Agripino? ¿O ya existe? ¿O todos nosotros somos Agripino?

  5. Agripino, el pobre, con semejante nombre, tenga o no internet, pasta, novedades o se la chupe el librero, no va a ser feliz en la vida. Te ha faltado mutilarlo para que sea garthennisiano total. ¡Qué ensañamiento! 🙂

  6. «Va, la próxima vez haré una foto del rúter alámbrico que me colaron en el armario del recibidor, y que se corta cuando el microondas de la cocina termina de calentar.»

    Ya decía yo que esto debía tener algo de autobiográfico. Yo voy a acabar haciendo como mi cuñao, me voy a vivir a las montañas y a tomar por culo internet.

    Los tebeos, que me los manden por UPS.

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