Paranoia que te pego leches Agent

Sigo con mi repaso particular hacia la series de CALIDAD que está emitiendo Cuatro a las dos o las tres de mañana. Como ya sabéis este horario es para proteger a nuestros infantes de las altas dosis de sexo y violencia que acompaña a todo producción japonesa que se precie. Como el sexo y la violencia no aparecen por ninguna parte (por favor, pongan realmente series donde haya mucho de eso, soy adulto, puedo soportarlo), seguramente de lo que quieran proteger a los niños es de la GENIALIDAD de estas series. A ver si van a ver un capítulo sin querer y se nos van a quedar en el sitio, los pobres.

Antes de nada pedir disculpas por el retraso que llevo con las series de Cuatro, pero es que los últimos capítulos de esta serie se me han hecho pelín cuesta arriba. Necesitaba un estado mental especial para disfrutar de tanta GENIALIDAD y no encontraba el momento adecuado. Pero he hecho de tripas corazón y anteayer mismo me tragué de una sola sentada los tres últimos capítulos de la serie. ¡ Y he sobrevivido para contarlo !

Lo primero que uno se encuentra cuando va a ver un capítulo de esta serie es que los protagonistas se están riendo en tu cara. Literalmente. El opening es un tema así como molón, en plan coro celestial, que va dando paso a los protagonistas de la serie que se carcajean a mandíbula batiente directamente mirando al espectador. Yo, cuando alguien se ríe en mi cara, pues me mosqueo, sobre todo si luego en la serie no se ríe ni Dios. Vamos, que es más tirando a drama que a comedia, por lo que uno no comprende de qué se ríe toda esta gentuza. ¿ Te estás riendo de mí ? ¿ De mí ? Porque no veo a nadie más.

Olvidémonos de que se están riendo de nosotros (encima que la estoy viendo gratis, que si encima me la hubiera comprado en DVD me subiría por las paredes) y adentrémonos en el fascinante argumento de esta serie. Como bien dice el título, la cosa va de gente que se emparanoia. El motivo da igual, el tema es que cogen una manía, o se agobian mucho, o se ponen como locos y se ponen emparanoiados perdidos. Pongamos un ejemplo: mi jefe en el trabajo me está presionando porque se acercan las fechas de entrega y yo no he hecho nada de nada. Por supuesto, me agobio y me entra un yuyu muy malo por todo el cuerpo. Pues tranquilo, que ahora te cuento la solución, pero antes otro ejemplo más. Imaginate que eres una chica modosita y decente por el día que por la noche practica el noble arte de la prostitución. Bueno, hasta aquí nada raro, pero imaginate que además de todo eso sufres de doble personalidad y que para decirle a tu otro yo que es una guarra, sólo puedes dejarle mensajes grabados en el contestador automático. ¿ A qué te entraría mal rollo ?

Pues la solución es sencilla: jarabe de palo. Es decir, aparece un chaval montado en unos patines que te arrea con un bate en la cabeza que te deja aviao. Y problema resuelto. Os lo creáis o no, hace años discutía con unos amigos una solución similar: te pegas un tiro en la cabeza y se acabaron todos los problemas. Puede parecer algo evidente pero esto es algo que sólo son capaz de discernir las mentes más preclaras: un buen cocotazo te evita comeduras de tarro.

La serie discurre con un batazo por allí, un batazo por allá hasta que de repente, cuando todavía no hemos llegado a la mitad de la serie atrapan al chico del bate. Esto ocurre en el quinto capítulo (de trece) y es el cohete directo de la serie a la GENIALIDAD. Resulta que el chico del bate es un emulador de Tom Hanks en la película Monstruos y Laberintos (sí, esa película que demuestra que el rol es maligno más allá de todo género de dudas), pero más cercano en este caso al universo de Zelda 64, que para eso son japoneses. Por lo que tenemos que en realidad nuestro chico del bate piensa que es un brillante caballero desfaciendo entuertos y rescatando damiselas. Que majo es el tío. Pero que no, que resulta que es un imitador y que sólo le ha pegado un mochazo a una o dos personas, habrá que soltarle al pobre.

Éste es el momento de comentar como publicitaban esta serie en Cuatro: El Twin Peaks japonés. Lo han clavado. No se si lo sabréis pero cuando David Lynch se puso a rodar la serie no tenía ni idea de quién podía ser el asesino de Laura Palmer, ya se lo inventaría cuando llegará el momento. Lo mismito, pero lo mismito que le pasa a esta serie, no tienen ni idea de quien puede ser el chico del bate, así que a inventarse lo que sea y que salga el sol por Antequera.

Aunque para mí lo más increíble a partir de este punto es que en una miniserie de 13 capítulos haya capítulos dedicados enteramente a autohomenajarse. Pongamos como ejemplo el capítulo en el que cuatro marujas se reúnen para contarse historias del chico del bate y cada una se inventa la trola más gorda posible. Es un capítulo que cuando llevas más de cien capítulos puede ser curioso, pero cuando sólo llevas siete u ocho te suena a relleno de los gordo. Por Dios, que quiero saber cómo se desarrolla la historia, no me metan fill-ins tan pronto.

Pero no contentos con eso, ¿ no querías caldo ? Pues toma, dos tazas. Otro fillin en donde se nos cuenta como se trabaja en un estudio de animación y qué duro es hacerlo. Mientras te intentan colar la historia del bate de mala manera, la horrible mascota te va contado quién es quién y qué hace y yo me digo… ¿ pero a mí me importa esto ? Pues nada, un capítulo en el que al final el chico del bate (o quizá no, quién sabe) masacra a todo el estudio de animación. ¡ Aleluya ! Han captado exactamente lo que está pasando.

Los capítulos que quedan se arrastran intentado estirar la trama todo lo posible (¡qué sólo son 13 capítulos, tampoco son tantos !) hasta llegar al capítulo final donde, como en toda buena serie japonesa que se precie… ¡ destruyen Tokio ! Es increíble que en una serie donde no hay bombas, ni gente con poderes, ni terremotos, ni nada más violento que un bate de béisbol acabe con la destrucción a gran escala de una ciudad. ¿ Es una especie de apuesta o les obliga la productora a terminar la serie de esa manera ? «Me hacéis una serie como queráis, pero que acabe con la destrucción de Tokio» Pues ala, con un par, me invento una nube gigantesca que representa el espíritu de la paranoia y lo destruye todo… ¡¡¡¡ absurdo !!!!

Y así acaba la serie. ¿ Qué quién es el chico del bate ? Pues después de que lo expliquen con todos sus puntos y comas sigo sin tener ni la más mínina idea de quién es. Los creadores de la serie tampoco, ya que se lo inventaron sobre la marcha. Ellos sí que se merecían un buen batazo en la cabeza…

Bueno, con esto me pongo al día. Después de Paranoia han puesto otra vez Cowboy Mola Mazo Bebop que ya ha sido comentada ampliamente en este blog. Ahora viene Samurai Champú de Melocotón de la que tendréis completa referencia dentro de unas semanas. Os quiero.

23 comentarios en «Paranoia que te pego leches Agent»

  1. No te queda nada Pedro; ahora te caerán encima decenas de otakus que han visto la serie y se han inventado sus propias excusas para no asumir que les han tomado el pelo.

    Yo me sentí igual de estafado.

  2. Pues chico, no sé que ha pasado, que la crítica me ha gustado bastante. Os cachondeais de la serie como de costumbre, pero no sé por qué, los puntos que señaláis me parecen mucho más acertados que en la crítica a Cowboy Bebop… Y no os preoucpéis, que Tokyo se destruye, pero poco… Que capacidad de reconstrucción tienen estos japos…

    Por cierto, que incluso en los capítulos de relleno siempre te cuentan cosas, y el de las marujas refleja muy bien el efecto «bola de nieve» que está teniendo todo el asunto, además de que ese capítulo tiene un final que, si bien te lo acabas viendo venir, no deja de gustarte…

    A ver que decís cuando termine la primera temporada del Samurai champlús, que por cierto, no es de melocotón, sino de girasol 😀

  3. Hmmm… Pegarle a la gente con un bate en la cabeza para quitarles las paranoias de encima… Una mascota gigante rosa… Tokyo explota…

    ¡QUÉ GENIALIDAD!

    Y por cierto… Tal y como dice Pepius (¡nas!), es Samurai Champú de Girasol, porque la niñata que va con el bakala pordiosero y el gafapasta samurái no deja de decir que si girasoles esto y girasoles lo otro. En serio, esa niña debería echar la solicitud para participar en la serie de Hamtaro como la distribuidora de pipas para los puñeteros hámsters psicópatas.

    (Scope off: A mí me gusta muchísimo Samurai Champloo, para que lo sepáis… y los hámsters de Hamtaro no son psicópatas, pero les falta un tornillo, ¡seguro!)

    Ah, se me olvidaba: ¿para cuándo algún análisis de Mostrenco o de Los Chicos del Siglo Pasado, las GENIALES obras de Naoki Urasawa? Vale, son mangas, no series de anime, pero se lo merecen… y espera… ¡la primera sí tiene serie de anime!

    (De nuevo scope off: Me encantan Monster y 20th Century Boys, especialmente esta última)

  4. El chico del bate es la representación física de la paranoia, y trasciende identidades y géneros. Cualquiera puede ser el chico del bate, ese es el mensaje. Todos somos en cierto modo el chico del bate.

    ¡Eh, pues con Grendel esta excusa funciona!

  5. Jajajaja qué perros sois, no dejais títere con cabeza, o cabeza sin batazo, o niño sin perrito piloto… La verdad es que la serie da para sacarle punta por todos lados, pero se agradece que vengan a España cosas distintas (o mejor dicho, se agradece que venga ALGO de animación de algun sitio y que no tenga diez años de antigüedad mínimo…).
    Luego esta el tema de que, entre que unos ya se habian bajado estas series, y otros no piensan alterar el sagrado descanso marcado por la paja de las 12…

  6. Nooooooooooooooo.

    No os habeis enterado de nada. El puto chico del bate era una excusa que se invento la niñata esa del primer episodio para no tener que enfrentarse a la realidad.

    En realidad la paranoia la causaba el puto Maromi. ¡El jodido peluche rosa tiene la culpa de todo!

  7. Lo cierto es que Paranoia Agent es la más GENIAL de las series de cuatro, todo el mundo debería verla.

    De todos modos, encuentro vergonzoso que Pedro no haya mencionado al puto perro rosa (PPR de aquí en adelante). El PPR es un personaje vital en la trama y en la ambientación de la serie. De hecho, ni Freddy Kruger, ni Jason, ni Mª Teresa Campos: el personaje de pantalla que más canguelo me ha dado nunca es el PPR. Esa manera de mover la cabeza como si no tuvier cuello… ¿cómo?… ¿Qué dices? … Espera, que lo compruebo… ¡¡¡DIOS, ES CIERTO, NO TIENE CUELLO!!!

  8. Eso del bate quitaparanoias es un vil y ruin plagio de los «calmanervios» que se pueden encontrar en las tiendas de souvenirs cutres. Entiendo que a los japoneses les encante España, pero ya se están pasando. Y óle.

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