Con Don Armando Matías Guiu en el Recuerdo

– Buenos días.
– Buenas tardes.
– Ha muerto Don Armando Matías Guiu.
– No me jodas. ¿Hacemos algo?
– No estamos a su nivel de él.
– Colguemos uno de sus diálogos, así se verá lo mucho que aprendimos de él de su.
– Buena idea. Que empiece el «Homenaje In Memoriam«.

******

– Buenos días.
– Buenas tardes.
– ¿Cómo están ustedes?
– ¿Ustedes… refiriéndose a mí?
– A usted.
– Pues somos unos ustedes muy solitarios.
– ¿Están ustedes solos?
– Ustedes no sé como estarán, yo, que soy usted, estoy más solo que un chorizo de Cantimpalo.
– Un momento, está usted equivocado.
– ¿Están acompañados los chorizos de Cantimpalo?
– No lo sé. Usted ha dicho textualmente: «Yo, que soy usted». Y sin ánimo de interferir en su ego, que yo sepa usted es usted, pero jamás será yo.
– ¡Cómo que yo jamás seré yo!
– Yo, refiriéndome a usted, será yo, siempre que usted sea yo; pero yo, refiriéndome a usted, que soy mí, jamás será yo.
– O sea que yo debo de ser mí si no soy usted a pesar de ser yo. Pues yo no entiendo esto de usted ni de mí.
– Uno es uno siempre.
– Ahora llegan los unos. O sea que aquí estamos yo, que soy yo, usted, mí, usted que soy yo desde usted, yo que es usted desde usted, mí que debe ser un vecino musical y ahora para acabar de resolver los problemas llegan los unos. ¡El completo, vamos!
– No llegan los unos.
– Pues sí no son los unos serán los otros.
– Ni los unos ni los otros.
– O sea que llegan unos pero no llega nadie. ¡Que llegada más solitaria! ¿Les estaba usted esperando?
– Yo no espero a nadie.
– ¿También vendrá Nadie? ¡Jo! No vamos a caber tanta gente.
– Nadie no llega.
– Menos mal. Uno menos.
– Oiga, ¿sabe que usted es un complicado?
– ¿Yo? ¿Complicado yo? ¡Me llama complicado a mí, él que es siete u ocho personas a la vez!
– ¿Dice usted él refiriéndose a mí?
– ¡Ya vuelven los Mis! He dicho él refiriéndome a usted.
– De modo que yo para usted soy él.
– Perdone. Usted, para mí es usted y a veces usted es él.
– ¿Qué es él?
– Usted.
– ¿Y mí? ¿Dónde me deja usted a mí?
– Mí… Mi puedo ser yo desde mí. Usted no puede ser mí, desde yo.
– ¿Desde que yo?
– Desde yo-yo.
– Oiga, deje los juegos ahora que estamos en una conversación muiy seria. ¿A qué yo se refiere al decir yo-yo?
Yo, soy yo. Usted es usted, pero como usted desde su yo es yo, y yo soy usted, para distinguirme de su yo me llamo yo-yo.
– ¿Usted se llama Yoyo? ¡Que divertido! Jamás conocí a nadie que se llamara Yoyo.
¡Dios! ¡Ya me ha bautizado de nuevo! Escuche, ¿usted sabe quién soy yo?
– Yoyo, ¿Yoyo Pérez, tal vez?
– Yo me llamo Agapito Martínez.
– Yo, no.
– ¿Usted no se llama Agapito Martínez?
– No, que va. Yo me llamo Fulgencio Pérez.
– ¿Usted no será pariente de Fulgencio Pérez?
– Mas que parientes, somos la misma persona.
– ¡Fulgencio, a mis brazos!
– ¿Me conoce?
– ¡Claro que le conozco! ¡Llevamos una hora hablando de de usted, de mí, de yo y de los unos! Cuente, cuente, ¿qué hace de mí?
– ¿Mí? ¿Mi a secas o Mi-mi?
– ¡Ha venido también Mimi! Ya estamos todos.
– Pues si están todos, me voy. Buenos días.
– Buenas tardes.

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[«Diálogos para besugos» Armando Matías Guiu. Mortadelo nº 219. Marzo, 1985]

ADLO! no te olvida.

16 comentarios en «Con Don Armando Matías Guiu en el Recuerdo»

  1. Dios, tenía esos diálogos olvidados en mi subconsciente y acabo de recordarlos. Anda que no me he leido porrones de ellos.

    Pues cuanto lo siento.

    Son tan buenos que me compraría una recopilación en un libro sin dudarlo.

  2. Que en paz descanse, Don Armando. Y buen tributo que le habéis rendido… Puede que no recuerde mucho de lo que escribiera tiempo ha, pero algo se muere en el alma cuando un genio se va.

  3. Descanse en paz. Ha sido artífice de muchísimos buenos ratos en mi infancia y adolescencia. No porque después no disfrutara de sus diálogos, sino porque todos mis Mortadelos fueron destruidos a traición y no he podido recuperarlos.

    Yo me compraría una recopilación también. A ver si ahora que Planeta va a comprar el fondo editorial de Bruguera se animan y nos sacan algo el mes que viene.

    Y no hay que acordarse de Bendis al ver los diálogos de don Armando, sino al revés: Cada vez que uno lea DD, que se acuerde de don Armando, y una sonrisa indisimulada adorne su rostro. Seremos más felices así.

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