«Antes viudo que divorciado»

Termino de leer con un retraso de algunos meses (o décadas, según se mire) los 8 tomos de Clásicos del Suspense, que contienen, en formato comprimido, las series Crime Supusitories y Shock Supusitories. Podría hablar de los famosos finales «O’Henry» (que viene a decir «tapa siempre con la mano la última parte de cada página para no autospoilearte el final», o de esos autores que ahora empiezan a hacerse populares aquí: Johnny Craig, Joe Orlando, Jack Kamen…pero para eso ya hay otros sitios. Voy a ir a lo que a mi de verdad me ha impactado, y que se encuentra en los cinco primeros tomos, en Crime Supusitories: la cantidad de gente que se pone los cuernos.

Y es que la mitad de las historias siguen un patrón similar: persona joven y bella se casa con persona rica (o con un seguro de vida bien jugoso), pero termina aburriéndose y se busca un amante. Tras unas viñetas de relación (eran historias completas de 6-8 páginas, que suerte tuvo Bendis de nacer más tarde) deciden vivir juntos, pero como si se divorciara perdería los réditos del cónyuge, prefieren matarlo. Y al final siempre pasa algo y la cosa termina mal. Bueno, «mal» dicho de forma relativa. Al cónyuge suelen cargárselo, lo que puede considerarse «bueno», pero sus planes de buena vida comiendo perdices se truncan por alguna fatalidad y suelen ser castigados por algún tipo de poética justicia divina. O una silla eléctrica. A esto me refiero con «mal».

Eran historias para chavales, de forma que aunque había desmembramientos y tal, jamás asomaba nada inapropiado para las mentes puritanas como una falda demasiado corta o siquiera un besito baboso. Y teniendo en cosa que la cosa iba de adulterios, tiene mérito. La idea tras estas historias era ensalzar la figura de la familia y lo sagrado del vínculo matrimonial. El divorcio nunca tenía cabida, y la relación se mantiene, como reza el rito «â€¦hasta que la muerte os separe». Además los adúlteros también terminaban mal (muertos o deseando estarlo), de forma que también esto era una lección para no intentar hollar otros pastos. Y es que si yo leo una historia en que un tipo se lía con una, idean una estrategia para matar al marido, algo sale mal y terminan los tres dentro de una máquina para picar carne y comidos en una barbacoa infantil, lo último que se me ocurre es pensar «ey, yo podría intentar hacer eso»

Pero no pensaba así un psicólogo alemán de nombre Fredric Wertham, que cayó en la cuenta de que muchos delincuentes de la época tenían en común haber leído tebeos de pequeños, y estableció una relación directa entre una cosa y otra en su libro titulado Seducción del Inocente. Para entendernos, como si ahora se mirara cuantos delincuentes han visto programas de televisión o calzado zapatillas deportivas y echaran la culpa a Localia o Kelme. Pero eran americanos menos evolucionados que ahora incluso, de forma que le creyeron. Y fruto de ello nació el sellito del Comic Code, garantía de producto inocuo para las neuronas. Sellito que cuando llegaron las primeras versiones de héroes de Marvel a nuestro país de mano de Vértice se tradujo curiosamente, como «Para Lectores Adultos». Eran otros tiempos. Aunque bien pensado en nuestra época alguien saca un libro titulado «Seducción del Inocente» o algo parecido y le prohíben la publicación del «relato pedófilo». Es lo que tiene la corrección política. Al menos nadie ha relacionado esta reedición con la ola de malos tratos. Será porque tampoco se venden tanto.

Aun así uno se puede preguntar ¿cómo tuvo tanta repercusión el libro este? Pues porque algunos párrafos del mismo salieron en el Reader’s Digest y The Ladies’ Home Journal. Y el Selecciones de entonces es como los Zapping de ahora, con poco te haces una idea y puedes ir de enterado.

Total, que con esta perra del Code estuvo América hasta que vino el bueno de Quesada y lo eliminó para subir ventas. Atrás han quedado casi cincuenta años de ñoñería, y que fueron la razón por la que Rob! fundó Image, para no constreñir su arte a parámetros caducos de moralidad o buen gusto. Se abre una época en la que Hank Pym y su mujer pueden usar sus poderes en la alcoba, ningún niño intentará hacer eso….si es que quedan niños que lean tebeos. O que, en nuestro país, se puede llamar Harry Pórrez al protagonista de un tebeo infantil. Aunque, por otra parte, igual también por culpa de la desaparición de estos tebeos ahora hay tanto divorcio y tanto cuerneo por ahí…

Lo que no se sabe tanto es qué pasó con el bueno de Wertham tras todo aquello. Pues como la realidad suele ser más Adliana que la imaginación allá va: el tipo buscaba bronca, así que en 1958 escribió Círculo de Culpa, donde también echaba la culpa de todo al cine. Repercusión mínima. En 1965, en plena efervescencia de Marvel, volvió a intentarlo con los tebeos con Una Señal para Caín (tenía ingenio para los títulos, debe admitirse), pero con el Code ya impuesto poco más logró.

Que era masoca, seguro. Pues en 1974 publicó El Mundo de los Fanzines ¡¡diciendo que los tebeos y la ciencia ficción eran una nueva forma de expresión artística que ayudaban a la comunicación y el buen desarrollo de la juventud!! ¡Toma ya!

Con esto, le llegó una invitación de una convención en Nueva York para hablar en una mesa redonda sobre ese arte tan bonito que son los tebeos. Y allí le esperaban unos fans de EC con los ánimos algo caldeados tras 19 años leyendo tebeos de Archie pero que en los pocos minutos que Wertham aguantó en la sala se quedaron a gusto. Elamigo Fredric, por su parte, visto cumplido su sueño masoquista se retiró de la vida pública y falleció en 1981.

La moraleja de todo esto podría ser: «Si eres rico, no te cases» o «Cría cuernos que te sacaran los ojos».

5 comentarios en ««Antes viudo que divorciado»»

  1. ¿Será usada la edición de estos recopilatorios como una nueva estrategia del gobierno para terminar con la telebasura?. Si han empezado a publicitar las bibliotecas mediante anunios en los que incluyen comics quiza intenten mostrar mediante estos comics a los «tertulianos» cardiacos que tanto abundan a donde les pueden conducir sus manejos. Por soñar que no quede.

  2. Yo creo que es Necesario que Dolmen publique «La Seducción del Inocente» en español.
    Aunqeu sea solo por poder opinar sobre lo que debería aparecer en la portada y quién se lo compraría. [Eeeh, señor Jackson, eeeh]

  3. Ahhhh la seducción del inocente, ese bonito libro que decía que la Wonder Woman precrisis era «una imagen terrible para los niños que bucabam afecto entre los de su mismo sexo». Fijate que el otro dia llame paleto a uno en el CAG por citarlo como referente y fuisteis vosotros y empezasteis con la serie Bats & Gra….esto Robin.
    Del Wertham no sólo recuerdo un tebeo de Sergio Aragonés donde se retractaba de todo lo que decía, sino lo a cuadros que me quedé cuando oi a Terenci Moix decir que «La seducción del inocente» era el libro que le habia cambiado la vida (ahora que lo pienso igual los dos hechos están relacionados).

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